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OPINIÓN/ Jaime Lusinchi hambreador del pueblo, aliado de la oligarquía, inmoral barraganero

lusinchi

Humberto Gómez García

Acaba de fallecer el expresidente Jaime Lusinchi a quién le correspondió presidir el país de 1984 1989, en el reparto quinquenal del Pacto de Punto Fijo refrendado en la moribunda Constitución de 1961 que el Comandante Hugo Chávez enterró junto al pueblo el 16 de diciembre de 1999 cuando la mayoría abrumadora del país aprobó la Constitución Bolivariana.

El período que le correspondió gobernar al fallecido presidente fue, sin dudas, el que más agudizó la crisis del hambre del pueblo venezolano, se maximizó el acaparamiento de los productos de la cesta básica por parte de los tradicionales comerciantes inescrupulosos, nada se encontraba en abastos y mercados, una carestía total, además de la acelerada carestía de la vida, el empobrecimiento absoluto de más del 30% de la población donde se popularizó la ingesta de perrarina, de sobras de comida sacadas de los pipotes de basura callejeros, miles y miles las madres recién paridas que le daban a sus hijos teteros con el agua de los espaguetis por no tener dinero para comprar leche.

El de Lusinchi fue el gobierno del hambre y empobrecimiento acelerado de nuestro pueblo, el mismo que le abrió el camino a los acontecimientos de febrero de 1989, que sentó con sus desacertadas políticas económicas, el despilfarro, la corrupción, el envilecimiento de  nuestra moneda y su recurrente devaluación.

Fue el período de la más inconcebible estupidez política donde terminó exclamando al final de su gris y represivo mandato que la oligarquía “lo había engañado” con su presunto “mejor refinanciamiento del mundo”, refinanciamiento que benefició con creces a la oligarquía y al imperialismo yanqui, profundizó la desigualdad social entre la minoría rica, burguesa y la inmensa mayoría pobre de nuestro pueblo y agudizó la crisis social que estaba a punto de estallar cuando terminó su mandato a principios de 1989.

Si algún presidente lesionó y vejó la moral de la República, dando el peor de los ejemplos de ética al país fue Jaime Lusinchi al permitirse públicamente sus amoríos con ese nefasto, mediocre y peligroso personaje que fue su amante Blanca Ibáñez. Porque esa relación traspasó la intimidad, la discreción para convertirse aquella secretaria trepadora en prácticamente el poder dentro del poder en Venezuela, desde mover las barras de oro del Banco Central, vestirse de militar, decidir los ascensos militares más delicados y estratégicos, crear mafias con advenedizos como ella del corrupto partido Acción Democrática.

Blanca Ibáñez se convirtió en el personaje más detestado por el pueblo venezolano, su influencia en las decisiones presidenciales no sólo notable sino que alcanzaron extremos tales como nombramientos y destituciones de funcionarios públicos, condicionamiento financiero y social a los contratos públicos y selección de ascensos a Generales de la Fuerza Armada. Si algo se sumó a la decadencia del Pacto de Punto Fijo fue el paso de este nefasto y malandrérico personaje por la vida pública.

Lo que se diga sobre la inmoralidad pública es poco y como remate poner, por órdenes del presidente Lusinchi los recursos del poder contra su auténtica esposa, Doña Gladys Castillo quién con nobleza y dignidad había planteado el divorcio ante el descaro de la burda relación con la barragana y el honorable periódico El Nazional y otros medios aceptaron sumisos la censura que les impuso el gobierno sobre el tema del divorcio presidencial.

Pero si deleznable fue la conducta de los medios de comunicación social más aún lo fue su palangrismo masivo y descarado al ocultar aviesamente el carácter represivo, hambreador y anti nacional del tercer gobierno adeco de la Cuarta República, presentarlo como un gobierno modelo, casi la octava maravilla del mundo y al presidente como el hombre probo y de limpia moralidad y ética incapaz de matar una mosca.

Igualmente hay que decir que durante el gobierno de Jaime Lusinchi se ejercieron presiones sobre medios para silenciarlos, evitar la publicación de informaciones que incomodaban al Presidente y su más íntimo entorno como es el caso de su relación con su secretaria privada. Se produjo chantaje. De este modo, el Gobierno administraba la entrega de dólares a través del Régimen de Cambios Diferencial (Recadi), que requerían los medios de comunicación para adquirir en el exterior insumos de artes gráficas.

No se apartó el gobierno de Jaime Lusinchi de la línea represiva y criminal de sus antecesores Betancourt, Leoni, Caldera, Herrera Campins y del alineamiento de su gobierno a las coordenadas anticomunistas del gobierno hegemónico imperial yanqui que marcaba la pauta en la política exterior venezolana. Vivas están aún las Masacres de Yumare (Estado Yaracuy) donde el super policía criminal Henry López Sisco con sevicia asesinaron él y sus esbirros de la Disip a jóvenes luchadores revolucionarios, y El Amparo (estado Apure), donde fueron asesinados casi 20 pescadores, en el inicio de los falsos positivos –criminal método después super desarrollado por el Ejército colombiano– y presentados como guerrilleros por el Ejército.

Después, en el auto exilio de Centro América al llegar al poder el Comandante Chávez e iniciarse la Revolución Bolivariana, al parecer la barragana Ibáñez, ya no tenía las prebendas del poder, los beneficios del dinero malhabido y alzó el vuelo y dejó el deteriorado “nido de amor”  y desde aproximadamente 2010 Lusinchi regresó a Venezuela con una salud en estado precario y bajo perfil político.

Indudablemente que la desaparición física de este personaje que dejó saldos altamente negativos para la nación y su pueblo obliga a los analistas políticos e historiadores revolucionarios y a este pueblo que hoy tiene una alta conciencia política y social en pleno desarrollo, al análisis y estudio del mismo, de sus incidencias en el proceso de neo colonización y entrega de la soberanía, de alianza con los factores transnacionales y nacionales de dominación.

Quizás lo más destacable de su gestión fue el del incidente con el buque de guerra colombiano Caldas que penetró en nuestras aguas territoriales reclamando presuntos derechos. La actitud del gobierno entonces fue firme, al menos eso es lo que pareció, claro, como antes dijimos, tanto la política exterior venezolana como la colombiana estaba dictada y monitoreada por el gobierno norteamericano. Sin pretender restarle méritos a la acertada decisión de Lusinchi entonces que enfrentó con firmeza aquella barbaridad y provocación de la armada colombiana, no dejamos de pensar que tras bastidores se movieron los hilos del poder del gobierno norteamericano de entonces.

Como dije, el análisis a fondo de ese quinquenio, el más cercano antecedente del 27 y 28 de febrero de 1989, un mal gobierno que creó las condiciones para que se comenzara a desmoronar Pacto de Punto Fijo.

(23/05/14) (humbertocaracola@gmail.com) (@hgcaracola)

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Esta entrada fue publicada en 23 mayo, 2014 por en Opinión, Patria Grande, Trinchera de Ideas, Venezuela y etiquetada con , , .

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