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La Constitución bolivariana quince años después

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Humberto Gómez García

En el mes de febrero de 1961, el tirano Rómulo Betancourt restituyó las garantías porque el Congreso Nacional había sancionado la Constitución elaborada, al igual que la de 1947, sin participación popular. Casi todo el tiempo de los dos primeros años de aquel nefasto y cruel gobierno el país vivió con las garantías constitucionales suspendidas. Aquella restitución de las garantías sólo duró horas porque de inmediato fueron nuevamente suspendidas. Aquel era un gobierno cobarde, que le tenía un miedo atroz al pueblo, sobre todo al pueblo caraqueño que lo había repudiado a él y a su partido y donde el triunfo del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y de Unión Republicana Democrática (URD), apoyando la candidatura del contralmirante Wolfgan Larrazábal, fue indiscutible. Sólo a través de la brutal represión, la persecución, las torturas y los crímenes políticos se sostenía aquel gobierno autoritario y antidemocrático.

En el parlamento un valiente patriota y revolucionario cabal, el dirigente comunista Jesús Faría, en su condición de Senador elegido en las planchas del PCV, dijo entonces unas frases lapidarias y terribles al referirse a la aprobación parlamentaria de la nueva Constitución y la simultánea suspensión de las garantías constitucionales que garantizaba el nuevo texto constitucional por parte del gobierno betancourista. Señaló: “La Constitución nació desvirgada”. Es decir, prácticamente antes de nacer ya el gobierno la estaba violando. Esa sería una constante, a partir de allí, de todos los gobiernos de aquella mostrenca ‘democracia representativa’ durante casi 50 años.

¿Puede, por ejemplo, hacerse una comparación con el nivel de conocimiento por parte del pueblo de los dos textos constitucionales en sus respectivos momentos históricos? Imposible. La Constitución de 1961 nació violada, su texto sólo lo conocieron los parlamentarios que integraban el Congreso Nacional en sus dos cámaras, Diputados y Senado y quizás algunos dirigentes de los partidos que conformaban la alianza gubernamental: AD, URD y Copei, porque la mayoría eran incultos, iletrados.

La Constitución Bolivariana puede decirse, sin temor a caer en el panfletarismo ni en la exageración, la gestó el pueblo venezolano, la parió, por así decirlo, a partir de la propuesta programática presentada por el comandante Hugo Chávez durante su campaña electoral y que a su vez la manejó la izquierda revolucionaria en la lucha contra la Cuarta República. Y si hay algo que caracterizó aquella extensa jornada durante todo el año de 1999, desde el primer llamado a referéndum hecho por Chávez por votar el texto de lo que se iba a preguntar; luego el proceso electoral a una asamblea nacional constituyente y la participación de las fuerzas patrióticas apoyando a los candidatos chavistas; después el proceso de creación popular y la masiva participación con miles de propuestas de todo tipo. Fueron los seis meses más intensos de debates y participación popular en toda la historia de Venezuela. Había una asamblea nacional constituyente formalmente elegido y estaba, simultáneamente, el poder originario activo, participativo de un pueblo que comenzaba a impulsar una novedosísima revolución.

Pero no fue suficiente llegar, al final de los debates de la ANC y a nivel de la calle, ese texto debía ser refrendado y legitimado por la voluntad popular en un nuevo referéndum, así el 15 de diciembre de 1999 más del 71% del electorado voto por el SI, es decir, aprobaba la mayoría popular la llamada Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Caía estrepitosamente el modelo cuarto republicano de la democracia representativa y nacía la Quinta República con su modelo de democracia participativa y protagónica. Desde 1811 hasta 1999, es decir, 188, años nunca el pueblo venezolano había tenido participación en la elaboración de la que se consideraba ley fundamental de la República como la tuvo ese glorioso año. Los tiempos venezolanos estaban cambiando a favor de los preteridos, marginados y explotados de siempre.

Las viudas de la Cuarta República, los partidos tradicionales, AD, Copei, o los hijos de estos, PJ y otros, representativos de la burguesía que veía claramente que sus intereses históricos peligraban, se lanzaron a una brutal y pérfida campaña contra la aprobación de la nueva constitución con el NO como bandera. En vano, nuevamente salieron derrotados, pero no cejarían en sus intentos por eliminar la naciente Constitución Bolivariana, pero ya no electoralmente sino a través del golpe de Estado. Consumado el golpe de Fedecamaras, de la CTV y de los escuálidos partidos, bajo la conducción de los empresarios de Venancham y los gobernantes norteamericanos, y su primera decisión política fue derogar la CRBV desde el Palacio de Miraflores y con ella todo la superestructura y los poderes del Estado, de paso, no sólo le cambiaron el nombre al país, ya no sería República Bolivariana, sino República de Venezuela, y el cuadro de Bolívar lo bajaron y lo escondieron en un baño y lo clausuraron.

La respuesta popular no se hizo esperar, se movilizaron millones de venezolanos y venezolanas. Se trajo a Chávez de su prisión, se comprobó que no había renunciado y el pueblo se asumió nuevamente como poder originario, poder constituyente y restituyó el poder constituido. Pasó la novísima constitución bolivariana su primera gran prueba de fuego y venció, pero la victoria no fue completa, aquellas tremendas fuerzas populares desatadas que debían rematar la victoria contra el fascismo y castigar a los golpistas que esperaban escondidos como ratas la reacción del chavismo, fueron insólitamente frenadas y ocho meses más tarde esas mismas fuerzas reaccionarias de la ultra derecha se lanzarían contra el mismo gobierno, el mismo pueblo y la misma Constitución, esta vez atacando la columna vertebral de la economía del país, la industria petrolera, con sabotajes, terrorismo y el más abyecto entreguismo y la anti patria. Pero nuevamente ese pueblo, guiado por su líder indiscutido Hugo Chávez Frías la supo defender. La CRBV resistió una segunda y más terrible embestida gracias a su padre, Chávez y el pueblo, pero no pararía allí, la novísima Constitución Bolivariana sería declarada objetivo militar por las fuerzas del fascismo que no han cejado en atacarla y buscar su eliminación, porque ella está íntimamente asociada al proceso revolucionarios de cambios bolivarianos y chavistas. Nuestro deber es defenderla porque con ella nos va la vida del más hermoso proceso de transformaciones revolucionarias vividas por Venezuela desde que es república. (17/12/14)

(humbertocaracola@gmail.com) (@hgcaracola)

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Esta entrada fue publicada en 17 diciembre, 2014 por en gobierno, Opinión, Patria Grande, poder popular, Trinchera de Ideas, Venezuela y etiquetada con .

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