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OPINIÓN/ ¿Querrá Cuba convertirse en un país capitalista?

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Foto Verónica Díaz Hung

Por Verónica Díaz Hung/ La Red/

Aunque los periodistas debemos dar respuestas, debo reconocer que en este tema no me atrevería a decir lo que pasará, porque no lo sé. No tengo la bolita mágica y menos en esta geopolítica en la que el gran águila del norte un día invoca la paloma de la paz y se acerca a Cuba, y al día siguiente toca los tambores de la guerra y sanciona a Venezuela.

Siempre he amado al bravío pueblo cubano, que ha sufrido como nadie sus sueños de libertad. Y aunque en nuestra Venezuela estamos padeciendo un poco de la amarga receta que el imperio le impone a los pueblos que desobedecen los llamados de la globalización, lo que aquí vivimos ni se compara con el sufrimiento de los cubanos tras medio siglo de bloqueo. Lo digo luego de haber visitado La Habana tres veces, la última hace sólo tres meses.

Las colas para comprar productos básicos, el desabastecimiento, la inflación desmedida, la locura del dólar negro, son algunos de los males que hemos padecido luego de la muerte del Comandante Hugo Chávez. Los medios capitalistas (por llamarlos de algún modo, aunque también se les podría decir opositores por su descarada línea editorial) tratan de “vender” la idea de que son males del socialismo, para que en nuestro subconsciente lo asociemos con algo horrible y con estas técnicas de guerra psicológica y económica, dicen que comenzó la “transición” en Venezuela.

En ningún momento nos explican el por qué durante 14 años Venezuela tuvo una inflación moderada que sólo descendía, también hubo un crecimiento económico sostenido. Se lanzó el primer satélite venezolano, se instalaron fábricas de teléfonos, computadoras, se creó el ALBA, la CELAC, se logró tomar control de la faja petrolífera del Orinoco, que posee las mayores de reservas de crudo del planeta, y todavía me quedo corta con el gran avance de mi Venezuela en estos años de chavismo. Tiempo en que los niños de las escuelas públicas comenzaron a recibir sus computadoras escolares (canaimitas), y se empezó a edificar un sistema público de salud con ayuda de nuestros hermanos cubanos.

Yo no creo que la crisis económica que se nos impone, sea resultado de aplicar un modelo soberano que promueve una distribución más equitativa de las riquezas. No creo que el contrabando que padecemos sea producto del modelo socialista. Tampoco creo que la crisis de Cuba se genere por sus sueños de libertad y que entregándose al modelo globalizador, la logren superar, aunque son los cubanos quienes tienen la última palabra y lo que allá ocurra será producto de sus decisiones.

En cuanto a las intenciones del gran imperio, el propio Barak Obama ha dicho: “Vamos a poner fin a un enfoque obsoleto que ha fracasado por décadas en promover nuestros intereses. Vamos a empezar a normalizar las relaciones entre nuestros dos países (…) Creo que las empresas estadounidenses no deberían ponerse en desventaja y que un aumento del comercio es bueno para los estadounidenses y para los cubanos”.

El analista Alberto Aranguibel, en su artículo “El triunfo peligroso”, sostiene que Obama se “propone acabar con el concepto de soberanía de los pueblos ( y por supuesto con la idea de soberanía económica) mediante una ilusoria ficción de libertades cuyo único interés es estimular hasta el último rincón del planeta el desarrollo de un poderoso sistema neoliberal que derribe las barreras comerciales que impiden el avance de las grandes corporaciones norteamericanas en las economías emergentes”.

Habría que preguntarse si lo que Obama propone es una transición hacia la globalización, hacia el neoliberalismo, hacia el ALCA, o lo que es lo mismo, hacia el mercado “todopoderoso”, sin fronteras, sin límites ecológicos, ni éticos, el mismo que en todos estos años no ha demostrado ser capaz de edificar una sociedad de equidad y de justicia.

Desde que vi a Obama dándose la mano con el presidente cubano, Raúl Castro, no dejo de preguntarme qué pasará con mi amada y admirada isla. Mucho más después de que pasé una semana en La Habana el pasado septiembre, cuando nadie sospechaba que los dos archienemigos se reconciliarían.

Fui con mi hijo, un adolescente que nunca había salido de Venezuela y tenía una gran expectativa de ver cómo era el comunismo. Cuando estábamos allá, viendo a Shakira en la TV de una estación de servicio, o cuando nos encontramos las mismas películas pirateadas del cine gringo vendiéndose libremente en las calles (porque me costó un poquito más conseguir películas cubanas), o escuchando en “Fin de Siglo”, en La Habana vieja, a “Wiggle” y “Farruko”, mi hijo me dijo “mami yo no veo la diferencia con Venezuela”.

La hija (también adolescente) de una amiga que nos acompañó, sí notó que no había McDonald’s, grandes centros comerciales, ni las marcas a las que estaba acostumbrada como la Pepsi-Cola, que la han acompañado desde que nació.

Pero lo que sí afectó a mi hijo fue la imposibilidad de conectarse a Internet, ya que no hay muchas opciones y las pocas resultan muy costosas. Pero Obama está claro de eso, y ya ha anunciado que las grandes telcos norteamericas serán las primeras en llegar para acabar con el aislamiento de la isla en la inmensa telaraña mundial.

Porque mucho antes de que se anunciara oficialmente este acercamiento, ya la poderosa industria cultural norteamericana había llegado a la isla, y no por los caminos verdes. O por lo menos, eso fue lo que me pareció a mi, incluso me costó mucho conseguir música de Benny More o de las 5 leyendas (Eliades Ochoa, Compay Segundo, Inrahim Ferrer, Omara Portuondo y Rubén González), tampoco me fue fácil encontrar la discografía de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y de la Nueva Trova. Sólo en el aeropuerto cuando ya nos veníamos de regreso encontré estos títulos, a modo de souvenir de última hora.

Cuando le pregunto a mis amigos cómo analizan el acercamiento Obama-Castro, algunos me dicen que no me preocupe, que la alta conciencia del pueblo cubano impedirá que les arrebaten sus sueños de libertad y soberanía.

Pero me queda la duda, si ellos están subestimando a la poderosa mediática gringa, que ya izó sus banderas en la mayor de las antillas, y que potenciará su alcance con la llegada de Internet y del nuevo paradigma mediático que están generando las redes sociales.

¿Acaso no tratarán de fomentar una suerte “primavera cubana”? ¿Y cómo reaccionará un pueblo agobiado tras tantos años de bloqueo?

“Pero que nadie se equivoque. La nueva etapa de esta inmensa batalla que está apenas comenzando será tan dura como la que hoy va quedando para la historia. Y tal vez más”, concluye Alberto Aranguibel y yo coincido con él.

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Esta entrada fue publicada en 22 diciembre, 2014 por en Cuba, Patria Grande y etiquetada con , , , , , .

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